Buenas prácticas

Cada vez va cogiendo más fuerza la necesidad de actuar bajo criterios de buenas prácticas, siendo el espacio comunitario un lugar destacado, en el que las entidades, organizaciones, administraciones locales, pueden mejorar su eficacia y al mismo tiempo optimizar sus recursos. La acción comunitaria con enfoque intercultural no puede verse como una intervención estanca, sino como una propuesta de interacción entre los diversos recursos presentes en la comunidad, los/las ciudadanos y ciudadanas de diversos orígenes, procedencias, culturas y etnias, sus entidades y la Administración.

En las 26 buenas prácticas seleccionadas en el Catálogo de Buenas prácticas de acción comunitaria intercultural en España y Europa,  se ofrecen marcos metodológicos, teóricos y prácticos de la intervención comunitaria, desde una visión integral. Un planteamiento que puede ser aplicado a multitud de situaciones sociales y en cualquier ámbito comunitario.

La acción comunitaria es acción social, no es un marco conceptual homogéneo y las teorías, las actividades y las prácticas que la configuran vienen de ámbitos disciplinares diversos: la salud comunitaria, la sociología y el trabajo social comunitario, la psicología social comunitaria, la educación/pedagogía social comunitaria, fundamentalmente.La metodología de la intervención comunitaria, como metodología participativa, hace de la participación el hecho central. La participación

ciudadana y las relaciones sociales que se establecen son el núcleo que la intervención y la acción comunitaria.

Isidro Maya, Daniel Holgado, Ignacio Ramos y Francisco José Santolaya hablan en el libro “Hagamos de nuestro barrio un lugar habitable. Manual de intervención comunitaria en barios” (coordinado por Josep Buades Fuster y Carlos Giménez Romero) publicado en 2013, sobre dinámicas que permiten un tránsito entre los distintos tipos de relación (participación, sentido de pertenencia e identidad compartida) y muestran cuatro elementos clave para fortalecer la convivencia en barrios: el sentido de comunidad, la preparación comunitaria, el desarrollo de coaliciones y la participación ciudadana; cada uno de ellos como proceso psicosocial determinante en las dinámicas de cohesión social.

Este tránsito en los tipos de relación sucede en las buenas prácticas que presentamos en el catálogo y determina que podamos hablar de una “práctica buena” o de “una buena práctica”.

En el contexto de la intervención y la acción comunitaria, la Investigación-Acción Participativa (I.A.P.) se nos presenta como una herramienta útil para avanzar hacia la transformación social, y que está basada en un proceso empoderador y dinámico, impulsado y potenciado por el diálogo entre iguales. No estamos hablando de una metodología nueva, pero sí de una metodología que está en permanente revisión y que se ajusta a cada entorno en el que se aplica. Una I.AP de un barrio nada tiene que ver con la I.A.P de otro barrio o municipio en el que se aplique y utilice. Y ahí radica su utilidad y su atemporalidad, porque no es nueva.

El planteamiento ciudadanista que parte de las aportaciones teóricas y políticas acerca de la Nueva ciudadanía que se vienen haciendo desde hace años (Kymplicka, 1996 ; De Lucas, 1994, entre otros) cobra enorme relevancia en la fundamentación de la intervención en el barrio o territorio por tres razones:

  • Lo que une a cada uno de los habitantes y residentes de un territorio es su carácter de vecinos y vecinas, y donde ejercen determinados derechos y están sujetos a determinadas normas y obligaciones; y ello quiere decir que son titulares de derechos y deberes, núcleo primigenio de la noción de ciudadanía.
  • La relevancia del planteamiento ciudadanista para promover la convivencia a nivel local (evitando el culturalismo y el multiculturalismo esencialista).
  • Para la existencia o no de cohesión en la vida local son relevantes los avances o retrocesos que se produzcan con respecto a la cuestión ciudadana en el contexto amplio de la propia ciudad, la comunidad autónoma, España y la Unión Europea.

Dar por supuesta la convivencia entre personas y grupos distintos es un error en el que se cae con frecuencia. La situación en muchos barrios de Europa y España, y más áun debido a la crisis, es frágil. Y en este contexto la respuesta que se debe alentar es la participación ciudadana, la implicación de todo el entramado de sujetos  presentes y activos de dicho entorno (barrio, municipio) y a ello ayudan losproyectos de intervención comunitaria.

La acción comunitaria se justifica en tanto que motor de transformación, de cambio tangible hacía territorios y comunidades más inclusivos. Y plantea estos cambios a partir de procesos de protagonismo colectivo, de ciudadanía activa con capacidad relacional y constructiva.

Las acciones comunitarias podrían ser de varios tipos, si atendemos a:

  • El origen o proceso de surgimiento de la acción comunitaria.
  • El grado de implicación de los agentes implicados en ella.
  • Las posibilidades y el alcance de los cambios y transformaciones que se marca la acción comunitaria.

Las posibilidades y el potencial transformador de la acción comunitaria dependen de dos factores. Por una parte, de la capacidad de poner en marcha estrategias y proyectos de acción en diferentes dimensiones (social, educativa, urbanística, cultural, etc) favoreciendo la participación; y por otra parte, la capacidad de armar las acciones en pro de la igualdad a partir del reconocimiento de las diferencias y articulando la diversidad a partir de la promoción y el desarrollo de marcos cívicos y de convivencia estables.

La acción comunitaria y sus procesos son construcción de ciudadanía. Y los Planes de desarrollo comunitario puestos en marcha por muchas de las buenas prácticas que se presentan en el Catálogo, son iniciativas que tienen el objetivo de lograr mejoras importantes en las condiciones de vida de los barrios, y se proponen, además, fortalecer la capacidad de implicación social y de convivencia vecinal en la diversidad.

Son procesos, como decimos, de construcción de ciudadanía. El diagnóstico comunitario participativo es el punto de partida perfecto para realizar un plan de desarrollo comunitario.Es una herramienta que en su proceso de elaboración abre una gama amplia de oportunidades a nivel de relaciones y de participación.

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